Sinopsis Memorias de la violencia
Profesores, jueces y periodistas que, aun viviendo en un país donde rige el Estado de derecho, no han podido decidir dónde vivir, dónde ejercer su profesión o han modificado sus vidas en una especie de exilio interior o forzado. Adiós a su casa, al centro de trabajo, a los contactos cotidianos con la familia, a los amigos, a los equipos de trabajo, a esas rutinas que van configurando esa peculiar comodidad del hábitat que significa mi casa, mi ambiente, mis paisajes, mi clima... Yo misma reunía la condición de profesora de Universidad, periodista y exiliada...
Este libro nace de la decisión de muchas personas e instituciones para que se recogiera el testimonio de profesionales intelectuales exiliados y éstos pasaran a engrosar la memoria de las huellas que ETA ha dejado con su violencia. No son todos los distinguidos con la marca de ETA, designándolos primero como enemigos del pueblo vasco e incluyéndolos después en la lista de ajusticiables. En los informes de la Ertzaintza (la lista puede ampliarse con datos de la Policía Nacional), en estas listas, llegaron a figurar 65 profesores y 326 periodistas. A la policía vasca le constan 20 dosieres sobre profesores y 80 sobre periodistas en los que aparecen seguimientos e informaciones que denotan la preparación de los posibles atentados.
El trabajo de documentación se acometió en 2010, cuando ETA aún estaba lejos de anunciar el cese de sus «acciones armadas». Por eso, cuando los profesores de la Universidad del País Vasco Mikel Azurmendi, Mikel Iriondo, Carlos Fernández de Casadevante, Gotzone Mora, Edurne Uriarte, Manu Montero, Francisco Llera y los periodistas José María Calleja, Aurora Intxausti, Carmen Gurrutxaga, Charo y José Antonio Zarzalejos y Pedro Briongos fueron entrevistados aún hablaban en presente sobre la situación de Euskadi que había producido su exilio. Onicamente Francisco Llera respondió al cuestionario conocido ya el cese de la violencia de ETA.