Sinopsis LA ESTUPIDEZ DE LA GENTE CULTA
Los intereses de Chesterton son muchos, pero su mirada no es dispersa sino precisa, rebosante en ingenio y humor hasta la hilaridad, a la vez que elegante y erudita, una mirada que parece no dejar nada fuera de su campo de visión: las feministas y la discusión sobre quiénes debían tener prioridad en las barcas de salvamento cuando el naufragio del Titanic; los intelectuales y la opinión pública; la apatía de la sociedad y los fundamentos del Estado; los legisladores y aquellos proyectos de ley que carecen de principios precisamente porque los políticos se ponen de acuerdo «sobre el principio» de tal proyecto; la literatura de Tolstoi, Dickens, Dostoievski, Byron, Wilde, entre otros; y la estupidez de la gente culta, esa que dice Chesterton se encuentra «en la gente próspera e incluso poderosa (...). Y la señal de esta estupidez, en todos los casos, es una total irreflexión; la costumbre de empezar una frase sin saber o preocuparse de cómo va a terminar».