https://www.imosver.com/es/libros/el-yugo-de-la-guerra-99700192759970019275El yugo de la guerra15.2"No hay necesidad de someterse a las circunstancias hasta el punto de convertir la vida privada en un caos y en una pocilga. La guerra puede seguir siendo la guerra, pero mi casa seguirá siendo mi cashttps://static.serlogal.com/imagenes_small/9788415/978841544120.jpgLibrosLibros/NARRATIVASin stock temporalmenteBERENICE000https://static.serlogal.com/imagenes_small/9788415/978841544120.jpg00105720878310050006ALO00042881650.82013/02/189788415441205Andreyev, LeonidLibrosaño_2013idioma_CastellanoCformato_Tapa blanda o Bolsilloautor_Andreyev, Leonidsaga_CLASICOS
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"No hay necesidad de someterse a las circunstancias hasta el punto de convertir la vida privada en un caos y en una pocilga. La guerra puede seguir siendo la guerra, pero mi casa seguirá siendo mi casa..." Ilya Petrovich Dementiev se muestra en su diario así de contundente e impasible frente a las noticias que lee ávidamente sobre los primeros compases de la Gran Guerra. Por suerte no ha tenido que ir al frente y la vida de este contable de San Petersburgo sigue a pesar de que en su casa todos están pendientes de su cuñado, que lucha en las trincheras contra los alemanes. Ilienka llega a acusarse de "pusilánime y egoísta" por su morbosidad e íntima insensibilidad -verdadera ceguera- ante la guerra. "Y yo me siento algo extraño, no sé si me he acostumbrado a la masacre, o finalmente lo he aceptado, pero miro todo mucho más tranquilo, lees de pronto: «¡Diez mil muertos! ¡Veinte mil muertos!»... y te fumas un cigarrillo con tranquilidad..." Parece que no hay nada que lo haga tambalearse pero... "¡Qué bien que tengo este diario y puedo, sin dármelas de caballero andante, sin temor y sin reproches, reconocer de forma completamente abierta el sentimiento de miedo insoportable que me domina!" Poco a poco, los acontecimientos le harán gritar: «¡Dios mío! ¡Todo esto es la guerra! ¡La guerra!»... Me olvidé de que estaba en Petersburgo, me olvidé de que estaba de pie en un puente, me olvidé de todo lo que me rodeaba y tan sólo vi la guerra, toda ella." FRANJA Mediante el diario de uno de esos extraños héroes de Andréyev, siempre absortos en su ceguera moral y en un egoísmo que roza la abyección, El yugo de la guerra es una de las grandes novelas de retaguardia de la Primera Guerra Mundial. Escrita en 1916, en medio de una intensa actividad periodística y recibiendo las cartas desde el frente de su hermano Andrei, Andréyev parece intentar domeñar la desastrosa situación escrutando a su personaje e intentando averiguar si realmente ninguna guerra puede enturbiar las verdades más valiosas sobre el hombre. DEBAJO DE LA FRANJA «Andreiev, un viejo amigo, un amigo de la infancia. Un inmenso escritor.» Milan Kundera «O me lo parece a mià o la gente es un poco hipócrita. Por un lado todos parecen maldecir directamente la guerra con su crueldad y su sangre y por otro lado chasquean la lengua con un extraño placer.» El yugo de la guerra Leonid Andréyev (1871-1919), escritor, periodista y dramaturgo ruso, pertenece a los clásicos más modernos de la llamada Edad de Plata de la literatura rusa. Conquistó una inusitada fama, tanto por su enorme obra como por sus excentricidades, después de que lo descubriera Maxim Gorki por los relatos que publicaba en la prensa rusa. Entre sus dramas, relatos y novelas destacan aquellas "en lo que toca al lado oscuro de la vida" (Gorki) y que le granjearon merecidamente la fama de "expresionista". Entre sus libros más conocidos, muy influyentes entre escritores como Kafka, Mann, Hesse, Burroughs o Kundera: Risa roja, Los siete ahorcados, Anatema, Los Espectros.... Durante la Gran Guerra fue uno de los intelectuales europeos más combativos contra el conflicto y el germanismo, aunque su producción estrictamente literaria fue decreciendo en favor de la obra periodística. En 1914 publicó un drama muy popular, Las tristezas de Bélgica, sobre la resistencia inicial a la invasión alemana, pero además sus imponentes artículos, su gran obra sobre el conflicto fue El yugo de la guerra (1916). Hoy sabemos de la importancia de la correspondencia con su hermano Andrei, en el frente, para sus escritos de guerra y para la confección de esta novela. En una de las cartas confesó a su hermano que le hubiera gustado "pasar algún tiempo en las trincheras" si no se lo hubiera impedido su muy débil salud y también "las dudas eternas y la pasividad propia de los intelectuales". Idealista y rebelde, y a pesar de su antizarismo y sus esperanzas revolucionarias, a diferencia de su amigo Gorki, no consiguió adaptarse al nuevo orden político tras la Revolución rusa. Pasó sus últimos años en la pobreza, exiliado en Finlandia, donde antes de morir aún lanzó una campaña de escritos contra los excesos bolcheviques.