Sinopsis Oriente Medio, Grecia, Italia
Encontramos aquí a un Flaubert familiar, relajado y muy próximo. Las cartas están llenas de observaciones deliciosamente subjetivas, y al mismo tiempo, intensas, reflejo de las dotes de observación de su autor, de su enorme capacidad literaria y de una filosofía entusiasta del viaje: «¡Ah, cuánto echaré de menos mi viaje, y cuando vuelva a hacerlo, me recitaré a mi mismo el eterno monólogo: Imbécil, no gozaste lo suficiente!» «De todos los excesos posibles, el viaje es el más grande que conozco; el que se inventó cuando nos cansamos de los demás». Sus glosas de Constantinopla, de Atenas, de Roma y Nápoles son deliciosas, de esas que impulsan al viaje.