Sinopsis UNA CIERTA EDAD
Ordóñez entiende los dietarios como unas memorias con otra forma, mitad «autobiografía en clave íntima» y mitad «libro de horas (o deshoras), escrito de noche y para ser leído de noche». Y que revele, señala, el «vagabundeo mental» del escritor, «los vaivenes, convicciones y contradicciones de su pensamiento en su faceta más ensayística, de tentativa». Pero hay mucho más.
En Una cierta edad, el lector va a toparse con cuadernos escritos a lo largo de cuatro años, donde desfilan destellos de infancia, adolescencia y anteayer; crónicas breves, artículos de madrugada, apuntes al sesgo, microrrelatos, pequeños poemas, humoradas luminosas o bromas oscuras de la existencia? Y también alegrías de las estaciones, ecos de sabidurías ajenas, pensamientos sobre la escritura, el teatro, la crítica, la música y otras artes; notas de lectura, de revisiones, de paseos, espejos y espejismos, sueños y pesadillas, «y el intento, reiterado por torpeza, de ?arrancar del tiempo lo transitorio apasionado?, como pedía Patrick Kavanagh».
Marcos Ordóñez encuentra en su paseo esquinas inusitadas, y gentes y cosas sorprendentes; recolecta aforismos tímidos; se pasma ante el avance de los años, y camina con el miedo o la felicidad pintados en la cara. Se reencuentra con muchos compañeros de viaje: escritores queridos (Capote, Salter, Modiano, Ferrater, Handke, Auden, Chandler, Casavella, Raúl Ruiz, Charles Simic, Bernard Frank), diaristas de cabecera (Renard, Flaianno, Uriarte, Vidal-Folch) o maestros teatrales (Núria Espert, Mario Gas, Lluís Pasqual, Julia Gutiérrez Caba, Alfredo Sanzol, Toni Servillo, Peter Brook), y vuelve a escuchar canciones de Dylan, Johnny Cash, Paul Simon, Montand, Mina, Sinatra? Cambian las luces, las ciudades y los estados de ánimo; la «cierta edad» del título le «permite fantasear con la presunción de que en alguna parte de este libro quizás se encuentre mi esencia sin argumento, mi voz hecha de muchas», y al final del paseo reconoce tres señales de que el día ha sido bueno: «Si he atrapado un momento de belleza, si he reído con alegría al menos una vez, y si he podido decir: ?Bueno, creo que tengo un borrador, mañana lo paso a limpio.?».