Sinopsi Cats are paradoxes
No son amenazantes, algunas tienen ventanas al exterior y las puertas siempre están abiertas. Son las mismas habitaciones vac¡as con las que suelo so?ar desde hace algún tiempo. También hay edificios, árboles en oto?o y algún que otro puente. Sobre todo, hay perspectivas, pero planas. Es decir, perspectivas que se contradicen a s¡ mismas porque son incapaces de entender la profundidad.
En un momento como el actual, donde todo es volumen, profundidad, espacio y 3D, elijo sin dudarlo las dos dimensiones: el alto y el ancho de un papel. Admito que me impacta la arquitectura contemporánea, los edificios art déco, el brutalismo o las estaciones de trenes italianas. No puedo dejar de admirar los jardines botánicos victorianos, la ingenier¡a de Eiffel o las avenidas enladrilladas de antiguas fábricas inglesas. Me dejan impresionado Bernini y las esculturas de Chillida, con sus ángulos de 89° o de 91°. Claro que aprecio estas obras tridimensionales, pero, cuando estoy delante del papel, dibujando, venero por inalcanzables los relieves egipcios o los beatos románicos. Toda mi carrera consiste en la reivindicación de las dos dimensiones y también en el continuo fracaso por lograrlo.
Este libro, sin embargo, no es un libro sobre perspectivas, tampoco sobre gatos, puentes o habitaciones. Ni un libro de humor. No se puede encontrar aqu¡ una historia o un mensaje. Cansados de ser cautivos de las pasiones, algunos buscan liberarse acudiendo a los maestros zen, que comienzan por anular el pensamiento racional mediante retos intelectuales imposibles. Este es un libro de setenta ilustraciones como setenta köanes. Algo as¡ como setenta adivinanzas que no tienen otra solución más que la propia adivinanza. O, como dec¡a Nabokov, «enigmas con soluciones elegantes».