Sinopsi La isla del tesoro
Sin duda esta particular y espontánea planificación de la obra contribuyó a darle ese ritmo frenético y esa frescura que han hecho de la isla del tesoro un auténtico canto a la libertad, convirtiéndola en lectura universal obligada de la que ningún lector, que quiera presumir de serlo, ha de renunciar al menos media docena de veces a lo largo de su vida de lector; y si renunciara, si es que acaso puede renunciarse, sea por buscar y vivir mejores e intensas aventuras, si es que esto es posible más allá de este libro, siguiendo y manteniendo intacta la intención primera de Stevenson al publicar la novela: «Que a ti también, / como a Jim Hawkins aquel día, / te aguarde una Hispaniola». Pero mientras aguardamos la visita de nuestra particular Hispaniola, leer o releer La Isla del Tesoro -hoy con la excusa de conocer la excelente traducción que rescatamos del poeta José María Alvarez-, puede funcionar como inmejorable sustituto hasta que llegue ese día. Si es que algún día llega.
Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-Vailima, Samoa, 1894). Autor de cabecera de multitud de escritores como Borges, Kipling o Chesterton, es conocido sobre todo por las dos obras que generación tras generación siguen leyendo los jóvenes de todo el mundo: La Isla del Tesoro (1883) y El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886). Una lectura honda de ellas nos desvela que no sólo son dos excelentes ejemplos de novela de aventura y de terror juveniles; ambas reflejan el anhelo de todo hombre que vivió el apogeo de esa gran empresa civilizadora que fue el Imperio Británico: escapar de la férrea rigidez moral y ética de la sociedad victoriana. ¿No es acaso el señor Hyde un desdoblamiento de personalidad liberador, un febril ataque de barbarie hacia un mundo encadenado por los «buenos comportamientos» y el «saber estar»? Esta huida, en La Isla del Tesoro, llega a ser física, real, como la que realizaron tantísimos marineros (o el mismo Stevenson, que surcó los mares de medio mundo a pesar de su delicado estado de salud) dispuestos a llevar a cabo el lema de Nelson en Trafalgar: «Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber».