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Sinopsi Memorias. Mi medio siglo se confiesa a medias
Cincuenta a?os después de su muerte, su obra aún no recibe la atención que merece, pero no hay duda de que se está produciendo una lenta revalorización, de la que es buena muestra la serie de reediciones llevadas a cabo por la Fundación Cultural Mapfre Vida.
Entre sus novelas y relatos cabe destacar La inmolada (1926), Circe (1935), Manuel de Montparnasse (1944), Ni César ni nada (1951) y Cita con el pasado (1954).
También debemos resaltar, en su obra teatral, La luna en las manos (1934), los libros memorial¡sticos Madrid entrevisto (1934), Siluetas de escritores contemporáneos (1949), Veintidós retratos de escritores hispanoamericanos (1952), Diario ¡ntimo 1951-1955 (1970) y en especial sus memorias, tituladas Mi medio siglo se confiesa a medias (1951), que ahora publicamos, y que pueden considerarse, sin duda, una de las más importantes del siglo XX en su género.
Entre sus libros period¡sticos podemos resaltar Caliente Madrid (1961), el póstumo Trescientas prosas (1976) y, sobre todo, los tres gruesos volúmenes recopilados por Miguel Pardeza y publicados por la Fundación Cultural Mapfre Vida, que reúnen sus art¡culos de prensa.
Debe recordarse que escribió numerosas biograf¡as, entre ellas las de Baudelaire, Unamuno, Mata-Hari y Casanova. En cuanto a su obra poética, que va del modernismo a la poes¡a confesional pasando por el ultra¡smo, el surrealismo e incluso la poes¡a neopopular, están: Poemas del invierno (1921), Estancias de solitario (1922), Viaducto (1925), Fervor de Bilbao (1926), Aún (1934), Misterio de la poes¡a (1938), Angel en llamas (1941) y Balada de Cherche-Midi (1944).
Quizás el secreto del arte de González-Ruano esté en la perfecta armonización de los contrarios. De ah¡ que su prosa tan resabiada y sutil sea a la vez tan aparentemente vigorosa y espontánea, tan llena de pasión y de escepticismo, de ternura y de crueldad, de curiosidad por todo y de desgana ante todo. En pocos escritores se adivina tan a las claras como en él que el estilo es el hombre, que vida y estilo deben corresponderse ¡ntimamente, sin frivolidades ni componendas, en la obra de todo verdadero escritor.