Synopsis Cherokee
«Un libro que se lee como si se escuchara free jazz, como si se participara en un juego de niños: indios en pie de guerra. O quizá también como un tratado de moral cuyo valor supremo sería el humor. El humor, decía Queneau, es una tentativa de desinfectar los buenos sentimientos de su imbecilidad» (Pierre Lepape, Les Nouvelles Littéraires).
«Seres y cosas son vistas dans tous leurs états, como dijo Ponge. Esta es la causa de que Cherokee sea un paraíso para las metáforas, el lugar (pero no el laboratorio) de una escritura activa, inventiva, de una rara precisión y de una gran felicidad» (Georges Anex, Journal de Genève).
«Hay que confesarlo enseguida: no se puede explicar Cherokee. La única y principal realidad de esta novela reside en su lenguaje. Un lenguaje que consigue el prodigio inverso, engendrar su propio universo» (Jean-Pierre Salgas, La Quinzaine Littéraire).
«Se lee como un polar algo pervertido, revisitado por Queneau. Como Queneau, Echenoz tiene el gusto por la payasada, por los personajes algo extravagantes, por las atmósferas irreales que se transfiguran en el realismo más exacto, y también el sentido del diálogo. Pero detengo ahí la comparación: Echenoz es Echenoz... Leed este libro astuto, soñador y lleno de humor. Para vuestro placer» (Michel Nuridsany, Le Figaro).
«Cherokee es también el nombre del tema de Miles Davis que hace cuarenta años marcó el nacimiento del jazz contemporáneo: más precisamente, el día en el que a la trama orquestal ceñida, dirigida hacia una única figuración, iba a suceder el desgarrón del tejido, la multiplicación del tiempo y del espacio, y sobre todo el blues inconciliable del azar y de la necesidad, materia misma de este libro» (La Nouvelle Revue française).