Synopsis Como si nada
No me gusta corregir lo que escribo, salvo detalle de estilo, porque creo, como Valera, que cada escrito, a su cierre, representa un momento irremplazable del pensamiento que sólo con otro escrito puede corregirse. Hay en esta concepción de la escritura un mucho del sentido mágico de la decisión propio del obsesivo que en este librito, titulado, un poco a modo de conjuro, Como si nada, se veía además triplicado: escrito a marchas forzadas, no como prueba de fuerza, sino a fuerza de dudas, por no quedar ya más tiempo para cumplir el plazo de una prueba, acabó convirtiéndose en una especie de metanoia.
Metanoia del sujeto de lo escrito, que cumplía, punzado por el plazo que el yo urgido en busca de una prueba del destino le imponía, un ciclo que ese mismo yo creía ya conocer.
Poco debía saber yo, cegado por una herida narcisista, de lo que de antemano daba ya por adquirido, cuando llegado a mitad de su propia prueba, se veía repitiendo como interrogación para sí mismo lo que creía ser un arma contra otros. ¿Quién mentía, quién era allí el ignorante?