Synopsis Paisaje apocalíptico para después de una guerra
Las contradicciones de los felices años veinte estallaban en los terribles años treinta. La capital del Principado, después de vivir su belle époque, alegre y confiada, contemplaba horrorizada cómo los violentos enfrentamientos de la tercera década del siglo xx destrozaban los vetustos monumentos de su casco histórico; las fachadas del ensanche burgués se reducían a mamparas transparentes que dejaban entrever sus interiores arruinados; algunos de sus arrabales desaparecían para siempre; y un mar interminable de ruinas y escombros agitaba su entorno rural.
Resulta paradójico que el complejo metalúrgico militar, integrado por las fábricas estatales de armas portátiles de La Vega y la de cañones de Trubia, las fundiciones metalúrgicas que rodeaban la ciudad y las tres factorías de explosivos de la Manjoya, Santa Bárbara y Cayés, un factor determinante en la prosperidad asturiana y riqueza ovetense, se volviese como una fuerza devoradora contra sus propios impulsores. Una parte del arsenal utilizado por los distintos combatientes, donde la dinamita jugó un papel esencial como artillería de la revolución, salió de esta industria.
El paisaje apocalíptico originado en Oviedo por la Revolución de 1934 y la guerra civil, el marco histórico cultural que lo rodeó, la presentación de sus principales protagonistas, la reconstrucción, al menos virtual, de alguno de sus barrios desaparecidos, como los que colindaban con el frente bélico al sur de la ciudad, la autoría de muchas de las edificaciones destruidas, sin olvidar tantas vidas que se convirtieron en auténticos libros de heroísmo y sufrimiento, junto a una valoración final, son algunos de los eslabones del presente trabajo, abierto a futuras aportaciones.