Sinopse LA HORA DE DIOS EN EL NUEVO MUNDO
Tamaña responsabilidad no habría podido llevarse a cabo sin la intervención de Isabel la Católica, a partir de la encomienda, en 1503, cuando quedó claramente expresado que los indios deberían ser «bien tratados». Pero la tarea exigiría al menos un siglo para comenzar a echar raíces. Y sería entre los siglos XV y XVII cuando estos hombres, Loaisa, Toribio, Quiroga y el menos afortunado, Sahagún, harían prender la evangelización «como un reguero de pólvora por la adhesión masiva y apasionada de los indios, que aspiran a lo que no tenían cuando estaban sometidos a sus 'señores naturales', exageradamente alabados por Las Casas: el final del baño de sangre, la paz fraterna de la pax hispánica, que se quería pax católica. De esta manera, y no de otra, mediante esta intervención institucional, educativa, curativa y liberadora, fue posible la 'Hora de Dios'».