Sinopse El elixir de la inmortalidad
«Así podríamos llamar a este libro: el libro de la memoria, el libro de los hechos inventados, el libro de un contínuum, el libro de fragmentos, el libro de los Judíos, es decir, del Tiempo. Es un libro muy europeo. Es el libro de los que pertenecen a un lugar y de los errantes. Un libro magnífico: hay en él felicidad, tragedia, pasión, derrota, victoria. Y, sobre todo, hay palabras; hermosas palabras en un gran relato» (Péter Esterházy).
«Una vasta, fascinante crónica europea, verdadera y novelesca a la vez, de la historia antigua y reciente de los judíos en un amplio contexto histórico» (Norman Manea).
«Muy rara vez -casi nunca-, una obra nace como si ya fuera antigua, inevitable, como si hubiera existido desde siempre. En este reino del cuento eterno moran Sherezade y Don Quijote y Chaucer y Boccaccio, maestros de crónicas que parecen no tener origen, como si estuvieran en el aire que respiramos. El elixir de la inmortalidad pertenece a esta compañía eterna... Y todo esto en la voz aparentemente ingenua del narrador, pero con una subterránea corriente de ingenio irónico que nos permite seguir la reaparición de la enorme nariz spinoziana generación tras generación. No es la nariz de Gógol ni la de Cyrano sino la de Shylock, la del endémico odio a los judíos. Transformado aquí, como por arte de cómica magia, en burla a los burlones. Por su enorme ambición y su vasto alcance, El elixir de la inmortalidad no se asemeja a ninguna otra novela contemporánea. Digamos, pues, que es el exabrupto embriagadoramente humano de un bufón sublime y trágico» (Cynthia Ozick).