Sinopse Raros testigos
Alberto Guigou, Germán Puig, Jorge Oliva, Juan Guerra, Manuel Rodr¡guez de Bustamante, Adrián Montoro y Heberto Padilla encarnan un patrón extra?amente af¡n. En todos ellos, una lucidez enfermiza o enconada termina por deshilachar el tejido de la vida, con el desconcierto y el fracaso como únicos compa?eros admisibles. Y, sin embargo, en estas semblanzas a menudo amargas reina casi siempre una viciosa alegr¡a, quizá privilegio innato de su ejecutor.
Con frecuencia adscrito âÇöerróneamenteâÇö a la «generación del Mariel», en la que hubiera compartido mesa con su otrora amigo y némesis Reinaldo Arenas, Vicente Echerri (Trinidad, Cuba, 1948) ha sido un poeta devoto, un narrador tard¡o pero diligente y un cronista extraordinariamente fértil, preocupado siempre de que sus opiniones, además de inducir a la reflexión, estuvieran regidas «por un imperativo de elegancia verbal y de belleza».
De él ha dicho bien Antonio Mu?oz Molina: «En prosa o en verso, su obra casi siempre ha tenido que ver con la rememoración meticulosa de lo perdido y con el gran abismo del tiempo que ya no hay manera de salvar». Y, sin embargo, la alegr¡a.