Sinopse Teología de San Ireneo.I: Comentario al libro V del Adversus haereses
La figura egregia de San Alfonso llena todo el siglo xvin. Se le conoce como «el santo del siglo de las luces». Cierto es que, si hubiera que identificar la Ilustración con el anticristianismo de Voltaire, Alfonso habría sido su exacta antítesis. Pero no es así. La Ilustración es propiedad exclusiva de la reducida porción de los enemigos de Cristo. Ante todo, es pro-moción de la razón, de la experiencia, de la libertad, de la persona. Es ampliación del campo del conocimiento. Hay una Europa cristiana de las «luces», cuya aurora se sitúa hacia 1660-1680. Alfonso se hace presente como gran figura, porque está profundamente enraizado en la tradición y porque aporta claridad y calor no sólo a una insignificante elite, sino a las masas populares de la Iglesia universal.
Hoy conservan toda su vigencia las palabras que en 1864 escribía el futuro cardenal Henry Manning: «Doctor del justo medio, su ascendiente sobre los corazones ha sido siempre creciente... Este ascendiente sobre los corazones ha pasado de una nación a otra, de una Iglesia a otra, de una diócesis a otra, de un confesonario a otro; el espíritu de Alfonso y la benignidad de su alma pastoral hacia las almas han penetrado por doquier, han triunfado en todos los países católicos, y hoy, en forma maestra, dominan en toda la extensión de la Iglesia de Dios».