Sinopse El rostro
En el arte medieval, la boca dominó como órgano engullidor, orificio de acceso; pero en los siglos posteriores esa misma boca se convirtió en abertura de salida: emisora del grito y del malestar psicológico. En el Renacimiento los ojos se afianzaron con la mirada segura y confiada del hombre; pero pronto terminaron velándose, primero tras los párpados, después tras las gafas y por último tras las máscaras. Finalmente, en el arte del siglo XX, la faz ha perdido todos sus rasgos: ya no hay ojos ni nariz ni boca en muchos de los rostros de Dal¡, Bacon, Magritte, Dix o Borremans. A veces, ni siquiera perviven sus perfiles...